Nuestra historia

Antes de construir una marca, tuve que volver a mí.

Esta no es una historia de certezas. Es una historia de rupturas, preguntas y decisiones que terminaron convirtiéndose en un equipo.

Desliza para seguir la corriente
Juan Sebastián, fundador de TheConsciousTeam

Antes de continuar

No comparto esta historia desde el victimismo.

La comparto porque cada pérdida, ruptura, búsqueda y nuevo comienzo terminó acercándome a este propósito. Los hechos son reales; también lo es la decisión de no quedarme atrapado en ellos.

Hoy puedo mirar la historia completa como una bendición. No porque todo haya sido fácil, sino porque me enseñó a volver a mí, a elegir distinto y a construir algo capaz de acompañar a otros.

No miro esta historia para quedarme en lo que pasó. La miro para reconocer todo lo que me enseñó a elegir distinto.

1999–2000 · El primer sostén

Antes de caminar solo, ya había una mano sosteniéndome.

Mi mamá fue mi primera certeza. Antes de entender el mundo, ya conocía su mano: una presencia que me daba equilibrio, dirección y confianza para avanzar.

En esos primeros pasos nació algo que todavía me acompaña: sentir que el amor no camina por mí, pero sí puede sostenerme mientras aprendo a hacerlo.

Antes de aprender a avanzar solo, aprendí el valor de sentirme acompañado.

Sebastián dando sus primeros pasos acompañado por su mamá

Primeros años · El niño que no molestaba

Aprendí muy pronto a hacerlo todo bien.

Fui buen estudiante, ordenado, callado y tan tranquilo que parecía no necesitar nada. Para mis papás era el niño juicioso: no hacía pataletas, no interrumpía y casi nunca daba problemas.

Durante mucho tiempo esa calma pareció una virtud completa. Años después entendí que también había aprendido a guardar demasiado adentro.

Ser el niño perfecto también puede ser una manera silenciosa de no ocupar espacio.

Sebastián en su primer día de jardín con su lonchera

Infancia

Mi cuerpo ya estaba diciendo algo.

En muchas fotos de mi infancia aparezco con la boca abierta. Era mi forma habitual de respirar y nadie, incluyéndome, sabía cuánto podía influir en mi descanso, mi energía o la manera en que mi rostro se desarrollaba.

Durante años fue solo un detalle en una fotografía. Hoy entiendo que también era una pista.

A veces la historia empieza mucho antes de que sepamos leerla.

Sebastián de niño en un carrusel, respirando con la boca abierta

Alrededor de 2013 · El cuerpo que empezaba a mirar

Antes de aprender a cuidarme, empecé a sentir curiosidad por mi cuerpo.

Durante muchos años fui un niño gordito. Cuando crecí y me estiré dejó de notarse de la misma manera, aunque mi composición corporal y los hábitos que conocía todavía no habían cambiado demasiado.

En octavo empecé a interesarme por el cuerpo. Todavía no levantaba pesas ni entrenaba formalmente, pero ya aparecía el deseo de moverme, comprenderme y construir algo distinto. Hoy miro esas imágenes sin rechazo: ese cuerpo fue el primer territorio que me sostuvo y luego me invitó a prestarle atención.

El cuerpo nunca fue el enemigo. Fue el primer territorio que me pidió atención.

Sebastián alrededor de 2013, cuando comenzó a interesarse por su cuerpo y el entrenamiento Sebastián durante su adolescencia, antes de iniciar una relación más consciente con su cuerpo y sus hábitos

26 de marzo de 2013 · Camino al Quindío

Aprendí que un sueño también se construye regresando a él.

Esta foto nació en uno de los viajes con los que acompañábamos el sueño de mis papás: construir una finca en el Quindío. Mes tras mes volvíamos para ver el avance, visitar a la familia y respirar una naturaleza cuyo valor comprendería mucho más adelante.

En ese momento todavía no éramos una familia especialmente consciente de la alimentación y yo seguía habitando el cuerpo gordito de mi infancia. Hoy no miro esa etapa con juicio. La recuerdo porque, antes de hablar de bienestar, mis papás ya me estaban mostrando que una visión se vuelve real cuando se sostiene con trabajo, tiempo y presencia.

La finca nació de muchas visitas pequeñas. Así aprendí que un sueño también se construye volviendo a él.

Sebastián junto a sus padres y su hermana durante un viaje familiar hacia la finca que construían en el Quindío en 2013

Etapa escolar · La primera cancha

Antes de aprender a competir, tuve que encontrar la forma de jugar.

El tenis era un deporte que siempre quise practicar, pero las canchas quedaban lejos y mi contexto hacía difícil entrenar con constancia. Algunas semanas solo podía ir una vez. Aun así, tomé la iniciativa de buscar cada oportunidad para estar en la cancha.

Los domingos jugaba y entrenaba con mi mejor amigo de entonces, Daniel. Recuerdo esa etapa con amor: fue la primera vez que sentí lo que significa medirme con alguien, intentar ganarle y descubrirme a mí mismo dentro de un juego.

La cancha empezó a enseñarme que querer algo también implica encontrar la manera de acercarme.

Sebastián durante su etapa escolar con una raqueta y una pelota de tenis

5 de agosto de 2014 · Curiosidad y tecnología

Mucho antes de emprender, ya aprendía por mi cuenta.

En el colegio ya era profundamente autodidacta. Me gustaba investigar, descubrir cómo funcionaban las cosas y llegar a mis propias conclusiones, especialmente cuando algo tenía que ver con tecnología.

También llegué a pasar demasiadas horas jugando en el computador, sobre todo Dofus. Aunque esa relación fue excesiva, aquel universo terminó enseñándome a negociar, administrar recursos, pensar estratégicamente y convivir con personas a través de una pantalla. Fuera de ella seguía siendo un niño social, rodeado de amigos en el conjunto; simplemente también disfrutaba mucho de estar conmigo.

Lo que parecía solo entretenimiento también estaba entrenando una forma de entender sistemas.

Sebastián en 2014 junto al computador con el que exploraba tecnología y aprendía de forma autodidacta

Familia y hábitos · Lo que heredamos

La consciencia sobre la salud llegó primero como una necesidad familiar.

Mi familia hacía lo mejor que sabía con lo que había aprendido. Como en tantos hogares, la forma de alimentarnos, cuidarnos y mirar el cuerpo venía de costumbres repetidas durante generaciones, no de una educación consciente sobre bienestar.

Años después, la salud de mi mamá cambió el ritmo de la casa. Fue ella quien nos invitó a mirar con más atención la alimentación y nuestros hábitos. No fue una transformación ideal ni inmediata, pero sí la primera vez que el bienestar dejó de ser algo automático y se convirtió en una conversación familiar.

A veces una familia empieza a elegir distinto cuando alguien se atreve a cuestionar lo que siempre se hizo igual.

Sebastián junto a su hermano y su papá durante una etapa anterior al despertar familiar sobre la salud

10 de marzo de 2018 · Un amor que continúa

El amor por los niños también lo aprendí en casa.

No todas las fotografías necesitan contar una ruptura. En esta, mi mamá estaba sana, feliz y cuidando a su primer nieto mientras mi papá los acompañaba. Es una escena cotidiana que hoy guarda algo enorme.

Mi mamá amó profundamente a los niños y ese amor también vive en mí. Uno de mis deseos más grandes es ser padre: disfruto estar con ellos, jugar, escucharlos y recordar, a través de su presencia, una forma más limpia de mirar la vida.

Hay amores que no solo se recuerdan: también se convierten en la forma en que soñamos cuidar a quienes vienen después.

La mamá de Sebastián, feliz junto a su primer nieto y acompañada por el papá de Sebastián en 2018

5 de julio de 2018 · Matrícula de honor

Aprendí a usar el sistema sin dejar que decidiera por mí.

Desde el inicio entendía que el sistema educativo tradicional no estaba diseñado para mí. Aun así, decidí aprender a usarlo: con disciplina y constancia conseguí becas y, en 2018, recibí una matrícula de honor por obtener el mejor promedio de mi universidad. Mi mamá, que ya atravesaba su enfermedad, estuvo allí para celebrarlo conmigo.

Al mismo tiempo sostenía una relación, cuidaba de ella, construía mis negocios de ecommerce y aprendía sobre inversiones. Los apoyos académicos ayudaron a fondear aquello que estaba creando. Esa etapa no solo me enseñó a rendir; formó en mí el orden y la capacidad de sostener varias responsabilidades sin entregar al sistema la decisión sobre quién quería ser.

No necesitaba que el sistema definiera mi camino para convertirlo en una herramienta.

Sebastián junto a su mamá al recibir una matrícula de honor por el mejor promedio de su universidad en 2018

Noviembre de 2019

La primera ruptura cambió la dirección.

Mi mamá falleció mientras yo cursaba séptimo semestre. Su ausencia reordenó la familia y también mi idea de seguridad.

Seguí avanzando, pero entendí que ningún resultado podía hacer por mí el trabajo de mirar lo que estaba ocurriendo por dentro.

Esa pérdida no explica quién soy, pero sí abrió una pregunta que empezó a cambiar mi dirección.

Sebastián compartiendo un momento cercano con su mamá

2020

Cuando el mundo se detuvo, mi estructura también se desarmó.

Llegó la pandemia. Mi papá eligió continuar su vida lejos de la casa familiar, terminó mi primera relación de más de tres años y tuve que asumir una independencia para la que no me sentía preparado.

Durante un tiempo convertí el miedo en rabia. Después pude reconocer que debajo del resentimiento había una pregunta más honesta: ¿seré capaz de sostenerme?

Dejar de sentirme víctima fue uno de mis primeros actos conscientes.

13 de agosto de 2021

Encontré personas cuya forma de amar también enseñaba.

En Un Curso de Milagros conocí personas profundamente amorosas, coherentes y con valores muy definidos. Su manera luminosa de mirar la vida me mostró que una enseñanza también se reconoce en la calidad humana de quienes la encarnan.

En ese momento no necesitaba tener resuelto todo lo que pensaba sobre el sistema. Necesitaba experimentar una comunidad capaz de acompañarme con amor.

A veces primero reconocemos la verdad en una mirada y solo después encontramos palabras para nombrarla.

Sebastián acompañado por una comunidad amorosa en 2021, con las demás identidades protegidas

21 de octubre de 2021 · Guatapé

La hermandad convirtió una graduación sin ceremonia en una celebración inolvidable.

La pandemia me dejó sin graduación pública, pero no sin celebración. Viajamos juntos por primera vez a Medellín y, en la cima de la Piedra del Peñol, mis amigos hicieron de aquel cierre académico una memoria propia.

Compartimos carretera, abundancia, comida, risas y una forma de hermandad que hoy sigue sosteniéndome, incluso cuando la vida no nos permite vernos tanto.

Hay amigos que no necesitan estar todos los días para seguir empujándote hacia tu mejor versión.

Sebastián celebrando su graduación con sus amigos en la Piedra del Peñol

Primer trimestre de 2022 · Libertad y responsabilidad

Recuperé la vista. Perder mis ahorros me enseñó a mirar distinto.

En el primer trimestre de 2022 me operé los ojos. Durante años, depender de los lentes se había sentido como una cárcel: condicionaba cómo me movía, los deportes que podía practicar y hasta actividades que evitaba. Recuperar la posibilidad de ver y actuar sin ellos fue una forma concreta de libertad.

Al mismo tiempo atravesaba otro aprendizaje. Después del máximo histórico de Bitcoin de noviembre de 2021, empecé a comprar durante la caída y me sobreapalancé. Cuando el mercado siguió descendiendo hacia la zona de USD 15.000–16.000 durante 2022, una liquidación por margen borró cerca de USD 20.000: mis ahorros y el fruto de inversiones anteriores.

Perder ese capital fue una ruptura y un microdespertar. Me obligó a distinguir certeza de imprudencia, responsabilizarme por el riesgo, gestionar mis emociones y volver a Dios sin usar la espiritualidad para evadir las consecuencias de mis decisiones.

Ese año mis ojos dejaron de depender de unos lentes, y mi conciencia empezó a dejar de depender de la ilusión de control.

Sebastián después de una cirugía ocular durante el primer trimestre de 2022

17 de septiembre de 2022 · La Estrella

Una herramienta puede acompañarte sin convertirse en tu autoridad.

Durante varios años viajé tres o cuatro veces a retiros de Un Curso de Milagros. Fueron espacios amorosos y recibí herramientas que entonces resultaron valiosas para mirar mi vida.

Con el tiempo también reconocí que había entregado parte de mi poder a un sistema de creencias. Hoy puedo agradecer lo aprendido, cuestionar sus orígenes y conservar únicamente aquello que uso desde un nivel de consciencia más libre.

Madurar también es poder agradecer una enseñanza sin seguir entregándole el timón.

Sebastián en un retiro en La Estrella en 2022, con la identidad de otra asistente protegida

Segundo semestre de 2023 · Villa de Leyva

Volví a hacer capital. Todavía no había integrado la lección.

Viajé a Villa de Leyva y Bogotá con amigos y mi pareja de entonces, sin una fecha clara de regreso. Compartíamos, recorríamos lugares nuevos y vivíamos con libertad.

Normalmente solo hacía trading dentro de un espacio controlado. Esa vez operé desde el apartamento de mi hermana, fuera de mi método y empujado por la emoción. Abrí una posición en corto y la acción siguió subiendo. El apalancamiento convirtió esa decisión en otra llamada de margen.

Después de la pérdida anterior me tocó volver a producir capital para poder invertir de nuevo. Cuando reuní USD 9.000, empecé otra vez y en tres meses llevé el portafolio a cerca de USD 29.000. Todo ese capital desapareció en una semana. Fue muy difícil de gestionar, pero me mostró algo decisivo: volver a crear dinero no significaba haber transformado el patrón capaz de hacerlo desaparecer.

Había vuelto a producir los recursos. La integración interna todavía estaba comenzando.

Sebastián viajando con amigos en Villa de Leyva durante 2023

24 de septiembre de 2023 · Ibagué

Empezar tarde no definía hasta dónde podía llegar.

En un par de años gané más de seis trofeos compitiendo por amor al tenis y por el deseo de conocerme. Este título fue distinto: coincidió con el momento en que sentía mi nivel más alto.

No había jugado desde niño. Aun así, el cuerpo, la disciplina y la práctica me demostraron que una historia tardía también puede llegar muy lejos.

No podía cambiar cuándo había empezado. Sí podía decidir cuánto de mí estaba dispuesto a entregar.

Sebastián sosteniendo el reconocimiento de campeón de tenis en 2023

8 de noviembre de 2023 · Ibagué

La certeza hizo crecer el negocio. La responsabilidad empezó a pedir una empresa.

Remodelé la casa de mis padres y empecé a adaptarla a mi negocio de accesorios y a mi manera de sentir la materia. Sin obsesionarme con vender más, el negocio crecía con una fluidez que siempre viví como bendición.

Confiar en Dios me dio certeza. Pero también descubrí que “hacerme a un lado” podía ocultar una falta de responsabilidad: servir a más personas exigía convertir aquella abundancia espontánea en una empresa con dirección y propósito superior.

Confiar en el plan no significa ausentarte de la responsabilidad que el plan te entrega.

Sebastián en el espacio de su negocio de accesorios adaptado en la casa familiar

Finales de 2023

Empecé buscando resolver algo muy concreto.

Sabía que roncaba y muchas mañanas despertaba con la boca seca; en algunas ocasiones, también con mal aliento. Era incómodo para mí y para la vida en pareja que tenía entonces.

Empecé a usar cinta bucal por descanso y rendimiento, no por estética. Aquella solución práctica abrió una investigación mucho más profunda sobre la respiración nasal, el sueño y la forma en que mi cuerpo funcionaba por la noche.

Un hábito nocturno terminó conectando una incomodidad presente con mi historia respiratoria desde niño.

2021–2023 · Papá

Me enseñó a responsabilizarme, amar sin medida y aprovechar cada segundo.

Antes de ser una despedida, mi papá fue presencia y enseñanza. Con él aprendí que el amor también se demuestra haciéndose cargo, estando y aprovechando el tiempo que sí tenemos.

Falleció en diciembre de 2023. El dolor volvió, pero yo ya tenía más silencio y más herramientas para no abandonarme mientras todo cambiaba. Lo amo profundamente.

Sostener no es controlar lo que ocurre. Es amar por completo mientras todavía podemos hacerlo.

Sebastián compartiendo un momento cercano con su papá en 2021

Agosto–septiembre de 2024 · Simetría

La simetría dejó de ser estética y se convirtió en dirección.

Aprendí de Diego Dreyfus a mirar la simetría como una búsqueda de Dios: amarme con tanta honestidad que mi cuerpo, mis pensamientos, mis vínculos, mi negocio y cada espacio a mi alrededor pudieran reflejar esa misma calidad.

En ese momento también decidí cerrar una relación importante. No porque faltara amor ni porque esa relación apagara mi luz, sino porque avanzábamos en direcciones y velocidades distintas. Había intentado impulsar durante mucho tiempo una construcción conjunta; entender la simetría me permitió dejar de empujar y hacerme a un lado con respeto.

Elegí entonces un periodo de solitude: una soledad consciente para volver a mí, ordenar mi vida y enfocar mi energía en la dirección que quería construir.

No toda despedida nace de la falta de amor. A veces nace de respetar el ritmo y la dirección de cada uno.

Espacio de trabajo de Sebastián organizado alrededor del concepto de simetría

10 de marzo de 2024 · Barranquilla

Primero vi el contenedor en mi mente.

Frente a aquel buque imaginé una de las mercancías de mi negocio cruzando el océano dentro de un contenedor. Todavía no he llenado uno, pero aquel pensamiento abrió una escala que antes no habitaba.

No era una promesa de resultado inmediato. Era una certeza sencilla: si una realidad cabe con claridad en mi mente y coherencia en mi corazón, puedo empezar a construir el camino hacia ella.

La visión no reemplaza el trabajo. Le da un horizonte.

Sebastián frente a un buque de carga en Barranquilla en 2024

13 de abril de 2024 · Cali

Aprendí que la vida también exige saber jugar en la materia.

Con muy poco tiempo practicando pádel viajé junto a mi partner a nuestro primer torneo nacional fuera de la ciudad. Llegamos a cuartos de final y compartimos aquel momento con Sebastián Cabal, referente del tenis colombiano.

Perdimos contra una pareja cuya presencia nos arrolló: gritaban, se animaban y nosotros todavía no sabíamos sostener esa intensidad competitiva. El reto me enseñó que no todo puede quedarse en espíritu o pensamiento. También hay que habitar el cuerpo, gestionar las emociones y aprender a competir.

La conciencia no te saca del juego. Te enseña a jugarlo sin perderte.

Sebastián junto a su compañero de pádel y Sebastián Cabal en Cali en 2024

2024

Convertí la curiosidad en observación.

El interés por el biohacking y el rendimiento me llevó a probar distintas marcas de cintas bucales, comparar comodidad, adhesión y cobertura, y observar qué funcionaba mejor para mí.

También empecé a cuidar la nutrición con más intención: contraté un servicio de alimentación ajustado a mis requerimientos, buscando comer de la forma más consciente, natural y saludable posible. Respirar, dormir, alimentarme y entrenar dejaron de ser temas separados.

El rendimiento dejó de ser un hack aislado y se convirtió en una forma de cuidar el sistema completo.

Sebastián utilizando la cinta bucal de TheConsciousTeam

6 de octubre de 2024 · Fábrica de Ríos

Me fui solo para escuchar lo que el ruido no dejaba oír.

Viajé seis horas hasta un lugar a 3.800 metros, con vista al Parque de los Nevados y a Manizales. Pasé tres días sin teléfono ni estímulos, acompañado apenas por libros, frío y mi propia presencia.

Allí comprendí el mensaje que una experiencia ancestral me había dejado meses antes: soltar el control. No como desentenderme, sino como hacer mi parte y confiar en que no tenía que sostenerlo todo solo.

Lanzarme al vacío dejó de significar caer. Empezó a significar confiar en que Dios también sabía sostenerme.

Sebastián en retiro personal en Fábrica de Ríos en octubre de 2024

10 de diciembre de 2024 · Medellín

La abundancia también podía sentirse como presencia.

Amo los abrazos, el contacto físico y el tiempo de calidad. En un abrazo puedo sentir la respiración, el corazón y una forma de amor que no necesita explicación.

Esa misma noche, en el balcón de uno de los edificios más lujosos de El Poblado, compartí con un amigo un momento de presencia y conversaciones profundas, de esas que engrandecen la mirada y nos recuerdan todo lo que es posible.

No viví ese espacio como algo ajeno o inalcanzable. Fue una experiencia profunda de abundancia y merecimiento: reconocer que podía recibir, disfrutar y habitar con naturalidad una realidad que antes solo había imaginado. Verla frente a mí confirmó que aquello que ponemos con claridad en la mente puede empezar a encontrar forma en nuestra vida.

La abundancia dejó de ser una idea cuando me permití habitarla con presencia y sentirme merecedor de ella.

Sebastián compartiendo un abrazo consciente en Medellín Sebastián conversando con un amigo en un balcón de Medellín

10 de enero de 2025 · Medellín

Quise sentir de cerca la coherencia detrás del mensaje.

Viajé para compartir unas horas con Diego Dreyfus, uno de los mentores de quienes más he aprendido. No quería conocerlo por la fotografía, sino observar su presencia y recordar una regla que guía mi vida: no escuches solamente lo que alguien dice; mira lo que hace.

El viaje empezó con fecha y terminó durando cerca de doce días. Seguí creando contenido, cuidando mi cuerpo y recorriendo Medellín desde una profunda certeza. Viví sincronías que para mí hicieron visible la relación entre un pensamiento, una elección y su efecto en la realidad.

La inspiración se vuelve discernimiento cuando el mensaje y la forma de vivir dejan de estar separados.

Sebastián junto a Diego Dreyfus en Medellín en enero de 2025

Inicios de 2025

La disciplina empezó a ordenar algo más que mi cuerpo.

Entrenar dejó de ser una tarea aislada. La constancia que estaba construyendo empezó a trasladarse a mis decisiones, mis proyectos y mi relación con la vida material.

Entendí que estar presente no significaba alejarme del mundo real. Significaba habitar el cuerpo, el trabajo y el dinero con la misma claridad.

El bienestar también se practica en la forma en que sostenemos la vida cotidiana.

Sebastián a inicios de 2025 reflejando constancia física y una vida material integrada

Diciembre de 2024–mayo de 2026 · Celibato intencionado

Aprendí a cuidar mi energía antes de dirigirla.

Durante cerca de un año y medio elegí vivir un celibato intencionado. No lo viví como castigo ni como una negación del deseo, sino como una pausa consciente para conocerme con mayor profundidad y aprender a orientar mi energía sexual hacia la construcción de amor propio, propósito y la realidad que quería crear.

El proceso me mostró facetas que no había reconocido y transformó mi forma de relacionarme. Aprendí a mirar a las mujeres de mi entorno con más cuidado y respeto, reconociendo su humanidad más allá del deseo, y a usar esa energía para construirme, crear y avanzar en mi proceso de conciencia.

Cuidar mi energía no fue apagarla. Fue aprender a elegir con conciencia hacia dónde dirigirla.

2024–2025 · El clan

Hay miradas que me recuerdan para quién quiero construir.

Los niños siempre me devuelven a la inocencia. Con Emilia, mi sobrino Juan Diego y los niños que hacen parte de mi vida, conecto desde un lugar directo: juego, cuidado, presencia y una mirada que todavía no aprendió a esconderse.

Hoy también construyo pensando en ellos y en un clan que no se limita a la sangre, sino que incluye a quienes deciden caminar, compartir tiempo y cuidarse a mi lado.

Mirar a un niño a los ojos es recordar que la luz no necesita argumento para sentirse.

Sebastián cargando a su sobrina Emilia cuando era bebé Sebastián y Emilia mirándose a los ojos en junio de 2025

Abril de 2025 · Bautizo de Emilia

Mi historia también continúa en quienes llevan algo de mis padres.

En el bautizo de Emilia compartí esta foto con mis hermanos. Por nuestra diferencia de edad no crecimos atravesando las mismas etapas, pero hoy encuentro en sus gestos, sus decisiones y su manera de cuidar reflejos vivos de mi mamá y de mi papá.

Ahora sus hijos también son una motivación para quitar capas, conocerme mejor y construir la realidad que sueño. Lo que transforme en mí quiero poder extenderlo hacia ellos, hacia mi familia y hacia un propósito que sea más grande que mi propia historia.

Crecer también es convertir lo aprendido en una forma más consciente de cuidar a quienes vienen detrás.

Sebastián junto a sus hermanos durante el bautizo de su sobrina Emilia en abril de 2025

27 de abril–18 de agosto de 2025 · MIcase

El negocio empezó a convertirse en empresa cuando entendí que crecer ya no era solo crecer yo.

Después de una walking meditation compartí una mañana en el parque con quienes entonces integraban el equipo de MIcase. Meses más tarde los reuní alrededor de una mesa para darle visión y forma a un negocio que ya empezaba a convertirse en empresa.

Liderar con propósito, ejemplo y dirección me confrontó con muchos errores y todavía me sigue enseñando. También me mostró algo inmenso: cuando las personas que están a tu lado se empoderan, crecen y se transforman, el impacto deja de limitarse a quienes tienes más cerca.

Liderar no era tener todas las respuestas. Era asumir la responsabilidad de crecer para que otros también pudieran hacerlo.

Sebastián junto al equipo de MIcase después de una meditación caminando en abril de 2025 Primera reunión de visión del equipo de MIcase en agosto de 2025

2025

La constancia dejó de ser un esfuerzo. Se volvió identidad.

La disciplina iniciada en 2023 empezó a verse en la cancha y fuera de ella. Seguí compitiendo en pádel, viajando y entrenando incluso cuando el entusiasmo del día no acompañaba.

El cuerpo cambió, pero la evidencia más importante era otra: podía sostener una elección en el tiempo, adaptarme, confiar en un compañero y volver a intentarlo después de cada punto.

La constancia dejó de ser una exigencia. Se volvió la manera en que elegía relacionarme conmigo y con el equipo.

Sebastián jugando pádel en 2025 después de consolidar su constancia deportiva

Noviembre de 2025 · Retiro espiritual

Dejé de entregar mi poder afuera.

En un retiro espiritual compartí con mentes dispuestas a mirar por fuera de los sistemas habituales. Allí profundicé en una pregunta que ya venía creciendo: qué fuerzas —visibles o difíciles de ver hasta que reconocemos sus efectos— moldean nuestra atención, nuestros hábitos y la manera en que interpretamos la realidad.

Empecé a observar con más discernimiento el entretenimiento, la exposición a la radiación, los mensajes que consumimos y los mecanismos que pueden mantenernos distraídos o dormidos. No se trataba de vivir con miedo ni de reemplazar una autoridad externa por otra, sino de aprender a mirar, cuestionar, verificar y elegir sin ceder mi poder.

Estar despierto no era desconfiar de todo. Era cuidar mi atención, reconocer el juego y mantener encendido el fuego interior.

Inicios de 2026 · Entrenamiento consciente

El cuerpo se convirtió en otra forma de conocerme.

El entrenamiento dejó de ser solo una preparación para competir en tenis o pádel. Cada rutina también era una conversación conmigo: con el deseo de progresar, sostener la disciplina y construir un cuerpo del que pudiera sentirme orgulloso.

No perseguía únicamente una forma. Quería sentirme sano, funcional, rápido, explosivo y fuerte; reconocer mis límites, atravesarlos con respeto y descubrir en el cuerpo otra dimensión de conciencia.

Entrenar no era fabricar una apariencia. Era aprender a conocerme a través del cuerpo.

Inicios de 2026

Comprendí que respirar también había dado forma a mi historia.

Al leer Respira, de James Nestor, encontré una idea que conectó muchas piezas: para desarrollarse con fuerza y cumplir bien su función, la mandíbula también necesita estímulo masticatorio. La alimentación moderna, cada vez más blanda, reduce parte de esa exigencia.

El libro explora cómo ese cambio puede relacionarse, junto a otros factores, con un desarrollo maxilofacial menos favorable: respirar por la nariz se vuelve más difícil, la boca empieza a asumir parte de la respiración y la forma del rostro también refleja ese proceso. No lo entendí como una explicación única —también intervienen la genética, el crecimiento, las obstrucciones y otros hábitos—, sino como una invitación a mirar el cuerpo completo. La estética quedó en segundo plano; lo importante era recuperar función, descanso y una relación más consciente conmigo.

No buscaba perseguir una forma ideal. Buscaba comprender qué necesitaba mi cuerpo para respirar y sostenerse mejor.

Sebastián sosteniendo el libro Respira junto a una cancha de pádel a comienzos de 2026

Inicios de 2026

No encontré lo que buscaba. Decidí construirlo.

Quería productos y espacios capaces de unir funcionalidad, estética y una invitación a estar presente. Alternativas naturales, cuidadas y silenciosas que ayudaran a elegir distinto sin añadir más ruido.

Así nació TheConsciousTeam. La cinta bucal fue el primer producto porque reunía mi historia respiratoria, el descanso, el rendimiento y el deseo de convertir una herramienta cotidiana en una señal consciente.

Lo que empezó como una necesidad personal encontró un propósito colectivo.

Cinta bucal TheConsciousTeam en un paisaje natural

Febrero de 2026

El equipo empezó a hacer honor a su nombre.

María José, que conoce mi historia desde hace más de cinco años, se unió al proyecto y empezó a poner su mirada y su amor en lo que estábamos construyendo.

También llegó Victoria, parte de mi equipo en otro proyecto, con la misma disposición de cuidar cada detalle. La idea dejó de vivir solo en mí.

Un propósito se vuelve real cuando otras personas también deciden sostenerlo.

Sebastián junto a María José y Victoria, parte del equipo de TheConsciousTeam, en 2026

2026

El propósito empezó a encontrar su voz.

Construir TheConsciousTeam no era solamente crear un producto. También era aprender a comunicar lo que había vivido, investigado y comprendido sin convertirlo en una fórmula vacía.

Empecé a grabar, compartir y abrir conversaciones para que la historia personal pudiera convertirse en una invitación colectiva.

La marca encontró una voz cuando dejé de hablarle a una audiencia y empecé a hablarle a un equipo.

Sebastián grabando contenido para TheConsciousTeam

31 de julio de 2026 · Ibagué

El cuerpo volvió a responder y la visión empezó a tomar forma.

Después de seis meses difíciles en competencia —con desconexión en la cancha, emociones complejas y resultados que no acompañaban— este torneo empezó a devolverme mejores sensaciones. Cerca de los 80 kilos y de mi mejor estado físico, volví a sentirme rápido, fuerte y explosivo.

Después de una sesión nocturna de movilidad, flexibilidad y explosividad, me fotografié probando uno de los primeros prototipos que podrían convertirse en nuestras gafas para el descanso consciente. El cuerpo, la competencia y el producto dejaron de ser historias separadas: lo que construimos también nace de probar, observar y ajustar dentro de la vida real.

No quiero crear herramientas desde una idea ajena al cuerpo. Quiero vivir las preguntas antes de convertirlas en productos.

Sebastián probando un posible prototipo de gafas para descanso consciente después de entrenar en julio de 2026

Hoy

La historia personal quiere acompañar a otras.

TheConsciousTeam quiere crecer como una comunidad global para quienes saben que el ruido, la desconexión y el bienestar automático no son la única forma de vivir.

Productos, contenidos, herramientas, experiencias y personas capaces de ayudarnos a volver al cuerpo, recuperar la atención y elegir con mayor consciencia.

No tenemos todas las respuestas. Tenemos la decisión de seguir mirando y construir en equipo.

Ahora queremos conocerte

Tu historia también te trajo hasta aquí.

Tal vez también atravesaste quiebres, preguntas y decisiones que te permitieron verte distinto. Queremos escuchar lo que hoy eliges hacer con todo lo vivido.

Recorre cuatro momentos y recibe una lectura personal para reconocer lo que hoy pide atención, la elección que aparece y un primer paso posible.

Crear mi Mapa Consciente

Esto somos. Esto elegimos.

Lo personal puede convertirse en algo colectivo.

Si este propósito resuena contigo y sientes que puedes aportar, hay un lugar para explorar cómo hacerlo.

Quiero sumar al movimiento Conocer el movimiento

#ElEquipoConsciente#TeamConsciente